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CUBA (4ª Parte y última)

¡Hola!

Esta vez os escribo desde mi ciudad de origen, ya que volví a casa por Navidad :-)
Ahora si ♫ "A Baracoa me voy, aunque no haya carretera" ♫
Carretera había, pero llena de curvas. Menudo viaje que pasé, llegué a Baracoa mareada.
Nos recibió el señor de la casa donde habíamos reservado con un zumo de naranja ácida que estaba buenísimo y sirvió para que se me asentara un poco el cuerpo después de tantas horas de coche.
Nos distribuimos en las tres casas donde íbamos a dormir y una vez dejamos todo el equipaje, fuimos a una de ellas a comer para reponer fuerzas. Nos enseñaron el huerto que tenían y estuvimos charlando con ellos después de comer hasta que nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo para conocerlo un poco. Por la noche quedamos con el hijo de los dueños de una de las casas y sus amigos para ir a la casa de la Trova de Baracoa y salir un poco, aunque yo ese día no me encontraba muy bien y me fui pronto a descansar.
Nuestro siguiente destino fue Guardalavaca, esta vez a un hotel. La playa era muy bonita y tranquila, había menos gente que en Varadero. Llegamos a la hora de comer y eso que madrugamos bastante, pero la carretera era horrible, llena de baches, había veces que nos teníamos que agarrar para no darnos con la cabeza en el techo de los botes que daba el coche, jeje. Esa tarde fuimos a la playa para bañarnos y pasear por la orilla del mar.
Al día siguiente era el cumpleaños de Erika, así que lo celebramos en el hotel. Por la mañana estuvimos en la playa tomando el sol y dándonos algún bañito que otro. Por la tarde fuimos hasta Holguín para coger el avión de vuelta a la Habana, que no despegamos hasta que no volvió Mariano de devolver el coche, creo que salimos media hora antes de lo que ponía en el billete, fue una situación graciosa. Pero aquí no acabó todo, al parecer ese día era una "aventura" detrás de otra. Cuando ya estábamos en la Habana, cogimos un taxi en el aeropuerto para ir al hotel. A mitad de camino se le paró el coche porque se había quedado sin aceite o no sé qué problemas tenía, así que otro taxi que pasaba por ahí paró y nos montamos mi padre, Erika y yo con todo el equipaje porque ya no cabía nadie más. Esto sería normal si no fuera porque en el asiento del copiloto estaba sentado un hombre inglés o americano, que puso una cara al vernos en el taxi que era todo un poema, pobre. El taxista primero le llevó a él, nos metimos por unas calles que daban miedo para ir de noche. Cuando lo dejamos, nos llevó a nosotros al hotel pero mi padre tuvo que volver con el taxista a recoger al resto, mientras que nosotras dos nos quedamos con todas las maletas esperando a que volvieran. Menos mal que esto no nos pasó el primer día que llegamos a Cuba, sino creo que nos da algo, jaja.
Hicimos otras dos noches en la Habana y aprovechamos para visitar el Vedado, Miramar y otra vez la Habana vieja. El último día probé el guarapo de caña, una bebida típica que se extrae directamente de la caña de azúcar.

Es un viaje que me ha encantado, para mi hay un antes y un después de Cuba. Ha hecho darme cuenta de cómo vive la gente que no tiene ni la mitad de recursos que en los países desarrollados pero que se ofrece para ayudarte y te regala una sonrisa. Son personas muy cercanas y acogedoras y a la vez tienen esa picaresca, más que la española.

Espero que os haya gustado este pequeño resumen de mis aventuras por ese país del Caribe que tanto me ha cautivado. Os recomiendo que si tenéis la oportunidad de viajar a Cuba no la desaprovechéis, merece la pena vivir esa experiencia.

¡Un besito!

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